jueves, 5 de noviembre de 2015
Despegue de felicidad.
He cambiado mucho a lo largo de estos años, en especial en el aspecto afectivo. Lo pasé muy mal y muchas personas me decepcionaron, así que decidí que era mejor ceñirse a lo racional. Pero eso ya lo sabes, porque me conoces de verdad. Y me conoces porque un día, sin ser consciente de ello, decidiste que yo merecía la pena. Y poco a poco fuiste dándote cuenta de que yo no soy ni la mitad de fuerte de lo que puedo aparentar. Empezaste a ver que no era una persona ni tan fuerte ni tan entera como pretendía ser. Todo lo contrario, estaba completamente rota, pero tenía puesta una coraza que me hacía aparentar fortaleza.
Aún así, sabiendo lo débil, insegura y extremadamente sensible que podía llegar a estar en determinados momentos, te armaste de valor. Decidiste que yo no era nada de eso. Y que todo lo que se rompe se puede arreglar. Pieza por pieza y con mucha delicadeza. Decidiste que yo podía ser fuerte.
Pero no ha sido un camino fácil. Era una coraza de muchos años. Pesaba mucho. Demasiado. Era una gran carga que yo decidí llevar. Una gran carga formada por opiniones, miradas, insultos, gestos y palabras de personas que ahora sé que el tiempo pondrá en su sitio. Fui llenando el saco más y más. Esto no lo sabes, pero cada vez que me has dicho una palabra buena de mí, una mala del saco desaparecía. Día tras día, la carga iba pesando menos. Me iba recomponiendo.
Es lógico: Si llevas muchas piedras, te rompes, te haces heridas. Y por mucho que se cierre la herida, si sigues llevando piedras, te vuelves a romper.
Pero si te curas, y poco a poco vas vaciando la bolsa, cada vez hay menos peso, y por tanto, menos heridas abiertas. Y al final fueron tantas palabras buenas y tanto cariño, que las piedras malas fueron desapareciendo.
Ha sido lento, necesitaba que fuese así, poco a poco. Y en el camino siempre ha habido alguien justo detrás de mí. Para pegarme un pequeño empujón hacia adelante, para abrirme los ojos una vez más y hacerme ver que todos cometemos errores, y que no son nuestros errores los que nos definen, sino nuestros buenos actos.
Sí. Lo reconozco. Lo admito y no me avergüenzo de ello. He estado asustada. Sí, he tenido verdadero miedo estos años. Miedo a quitarme esa carga y mostrarme tal y como verdaderamente fui hace muchos años, miedo a que algo o alguien fuese a romperme de nuevo. Miedo a que todavía no fuese lo suficientemente fuerte como para sentir y creer de nuevo, sin miedo.
He tenido miedo de las personas, de volver a creer en ellas. Miedo a aceptar que verdaderamente existe gente buena. Personas que sin pedir nada a cambio, intentan sacar lo mejor de ti. No me lo creía. Y esa es tu mayor virtud, ¿sabes? Haces mucho más de lo que imaginas por los demás. Y no me digas que no. Porque conmigo lo has hecho.
Porque vale, sí. Todo pasa por algo. Y estoy segura de que alguien ahí arriba decidió que, aunque yo nunca la pidiese, necesitaba ayuda. Y quiso darme la mejor posible, quiso que tuviese cerca a personas realmente buenas. Y poco a poco, me fue metiendo en tu vida. Sin que ni tú, ni yo nos diésemos cuenta. Y de repente, sin saber cómo, cuándo, ni por qué, decidiste apostar por mí.
Así que me gustaría decirte algo: Gracias.
Desastre.
Por todas esas veces que se te olvidó darme los buenos días, por las veces que discutimos porque viste el whatsapp y no contestaste, y por todas esas veces en las que las “buenas noches” fueron una manera de zanjar la conversación.
Por esas tardes de película y manta que valen más que cien viajes por el mundo. Porque hay mil maneras de arreglarte el día y me las conozco todas. No sé cómo, pero lo hago. Y tampoco conozco a nadie mejor que tú, como amargarte el día, la semana, o el año. Pero no la vida, porque eso sólo lo sabes tú.
Siempre nos lo decimos, acabarás con quien menos te lo esperes. Mucho mejor, las cosas planeadas suelen salir mal. Mejor darse a la improvisación.
Pensar tanto para unas cosas y tan poco para otras. Y no sabes cómo pero siempre se te ocurre la mejor respuesta cuando lo piensas en casa un par de horas después. Cuántas veces te has callado, o has hablado demasiado. Cuántas veces te ha podido el orgullo. Ay, el orgullo. Cuántas veces sientes que diste demasiado y recibiste tan poco, o al revés. Qué facilidad para rendirse. Muchos dicen que los tiempos que corren son los peores para el amor. Que ya no se saca a bailar. No lo creo, porque estoy segura que más de una ha llorado con esas proposiciones tan bonitas que hay en Youtube. Porque no hace falta un velero en medio del Mediterráneo con fuegos artificiales. Y nunca he bailado muy bien.
Y porque cada uno demuestra las cosas a su manera, cara a cara o con iconos del móvil. Pero lo que está claro, es que muchas veces no se demuestra nada, y yo sé que a veces no lo hago.
Escribir(te)
Con el tiempo aprendí que la vida está llena de primeras veces. Aprendí que no hay dos personas iguales, que las risas suenan distinto dependiendo de quién ría, que no todas las caricias te hacen sentir lo mismo, ni todas las sonrisas te alegran los días. Aprendí que no todos los besos son iguales, no hay beso que te haga experimentar lo mismo de tus otras veces, no todos los besos saben del mismo modo ni mucho menos son todos dignos de llamarse buenos, cada beso te lleva o no al paraíso dependiendo de a quién tengas delante. Me di cuenta de que no hay mejor beso que el que se busca, el que te enseña, el que te habla sin necesidad de palabras, el que se desea, el que se hace de rogar, el que va alimentando tus ganas poco a poco, queriendo cada vez más, en fin, no hay mejor beso que el que llega de una persona que te hace sentir.
Y no sólo hablo de besos, también de abrazos. Aprendí, que no todos los brazos saben abrazar, con el tiempo he aprendido a reconocer si congeniaré o no con una persona por los abrazos que me da, porque de pronto te das cuenta, que hay muy pocos abrazos que te hacen sentir querida, amada, arropada, esos son los que a mí me gustan, los que me hacen querer quedarme en ellos indefinidamente, esos que se convierten en mi rincón favorito, esos que desde que entro en ellos me hacen olvidar los días malos y convierten los días buenos en mejores. Esos son los que valen la pena.
En el fondo, lo que creo, es que estamos acostumbrados a subestimar en exceso las primeras veces, y de esta forma, en qué lugar dejamos las segundas primeras veces. Sólo nos quedamos con la primera vez que amamos, el primer beso, la primera vez que hicimos el amor, restándole importancia a las veces que están por venir. Nos olvidamos que cada día tenemos la oportunidad de sentir algo por primera vez, que cada persona que aparece en nuestra vida nos hará sentir cosas que nunca antes habíamos sentido y quizás esas cosas superen a esas primeras veces tan subestimadas. No nos quedemos sólo con los primeros amores, recordemos que los últimos siempre fueron los primeros. No nos cerremos creyendo que ya nunca volveremos a sentir nada parecido, claro que lo sentiremos, tenemos el poder de enamorarnos muchas veces y en alguna de ellas, no sé si en la segunda, tercera o cuarta primera vez, encontrarás ese alguien que te rompa todos tus esquemas y te haga sentir como si fuera aquella primera vez que recuerdas.
Y tal vez, llegue un día una persona, que llene todos tus días de primeras veces. Alguien que te lleve a ver mundo de su mano, te cuente sus historias y te haga ser mejor persona solo por tenerlo a tu lado. Alguien que te lleve el desayuno a la cama y te despierte comiéndote a besos. Alguien que te lleve a ver el amanecer tras una noche de placer. Alguien que te mire mientras duermes y te arrope como su tesoro más preciado. Alguien con el que rías a carcajadas hasta la madrugada y consueles sus lágrimas hasta por la mañana, alguien con el que estar en las buenas y en las malas. Simplemente ese alguien que te demuestre, que las segundas primeras veces nada tienen que envidiar a las que ya tuviste, que se puede amar dos, tres y cuatro veces, superando la primera vez que amaste.
Mi hombre.
Al hombre de mi vida:
No sé cuánto me demoré en encontrarte, sé que eres parte de mi vida, pero lo cierto es que llegaste a mis días y me haces la mujer más feliz del mundo.
Llegaste a mi vida en el momento preciso, cuando ya mis ideas quizás han madurado un poco, cuando me siento más segura de mí y no me importa qué piensen los demás. Sé que tu camino ha sido similar, que tienes varias historias de vida y que podemos compartir las buenas y malas experiencias y reírnos de todas las cosas. Que en tu historia tienes tantas cicatrices como yo y que sin miedo dejas que las cuide porque confías en el nosotros.
Te diste cuenta que es fácil enamorarme y que una vez que está hecho puedo ser tu compañera, tu amiga y tu amante.
Adoro que entiendas mis momentos flojos porque sabes que aunque hable poco y me ría mucho necesito mis momentos de nada, necesito acostarme a ver películas o simplemente a mirar por la ventana y soñar con el cielo.
Sabes que siempre que hago algo no espero algo de vuelta, no sé si es de egoísta o no, pero aplica a la parte sentimental… así que lo mínimo que espero son unos achuchones de tu parte. Me encanta pasar mis horas junto a ti, a veces los días junto a ti. En las noches, no hay cosa más maravillosa que empezar a conciliar el sueño mirando tus ojos y sintiendo tu calor cuando me das la mano antes de dormir.
Sólo sé que serás el hombre de mi vida.
Contigo quiero ser.
Con el corazón en la mano, te puedo decir que te entrego lo más valioso de mí, todo mi tiempo y todo mi amor.
Te haré ver lo maravillosa que puede llegar a ser la vida, amando a una sola persona por tiempo indeterminado y sabrás que perdiste tanto tiempo en personas que no valían la pena.
Te amo y lucharé por sujetarme a tu vida mientras tú me lo permitas, apreciaré cada detalle, cada momento, apreciaré la magia que ocasionas estando a tu lado y lo bien que todo puede salir.
Tendrás el placer de vivir una aventura escrita por los dos, con todo el amor que se merece, si crees y jamás volteas a tras te prometo que recibirás los besos más tiernos cada mañana, las más grandes locuras que pudieses hacer con cualquier amante, el apoyo por completo de un amiga y prácticamente los mismo cuidados de tu madre.
Te agradezco por mover la luna de lugar junto con todo aquello en lo que no creía, como por ejemplo en que mi amor le perteneciera a una sola persona hasta el fin de los tiempos; pero aún podemos olvidar que todo esto pasó, aún.. Puedes elegir marcharte.
Esta es mi promesa, en este momento toda mi vida está resguardada por ti, todos mis planes cambiaron por ti y te puedo decir que no me dejes, muy pocas veces se logra encontrar amor mutuo.
Le llamaban ruina.
Leí una vez, que cuando no podemos expresar nuestros sentimientos porque las palabras se agolpan en la garganta, cuando no nos va a escuchar quien tiene que hacerlo o cuando, simplemente, es mejor quedarse en silencio, lo mejor es escribirlo. Y funciona. Me funcionó en su momento. Hoy, me he visto reflejada en las pupilas de un desconocido y me he reconocido, tiempo atrás, en una situación similar. Por ello, he escrito estas letras. Para todas aquellas personas que necesitan decirse algo a sí mismas y a alguien en especial.
No se trata de rencor, no se trata de querer y no poder. Que no queremos cambiar nada y de nada serviría poder hacerlo. Simplemente, se trata de leer estas palabras, y sobre todo, de que alguien las lea. Porque en algún momento de tu vida, alguien te dejó marchar, y aunque haya llovido bastante desde entonces y sus huellas se hayan borrado por completo, de vez en cuando, recuerdas que un día alguien te dejó marchar. Y hoy, simplemente, quieres darle las gracias porque sin ella, y esos días grises, hoy todo sería diferente. Por lo que, a quien te dejó marchar le doy las gracias, por habernos dejado construir nuestro camino.
Hubo días malos. No vamos a fingir que no ha sido así. Hubo días muy malos. No sé si los hubo para ti, me imagino que sí. Cuando algo se acaba, aunque una de las partes esté totalmente convencida, siempre duele. No porque tengamos alguna duda, ni porque no lo deseemos, sino porque en algún momento, cuando todo comenzó, pensamos que el final no llegaría nunca. Y sin embargo, llegó, porque todo acaba, de una manera u otra.
Pero también hubo días buenos. En los que comparas, y te das cuenta de que tal vez es mejor así. Y que, probablemente, hubiera sido mejor así desde hace más tiempo del que queríamos creer. Que nos aferramos tanto a algo, simplemente por rutina o por comodidad, que olvidamos todo lo bueno que nos estamos perdiendo. Y me resulta sorprendente, cómo una persona puede cambiar por su pareja, moldearse hasta perder su negatividad o vergüenza.
Que, simplemente, las cosas no siempre salen como queremos. Que esa frase de “no eres tú, soy yo” tiene más sentido de lo que queremos creer. ¿Que qué pasó? La vida. De nada sirve estar con alguien por pena o compromiso, simplemente es alargar lo inevitable. Has de saber también, que las cosas se pudieron hacer mejor, pero que tampoco es fácil. Que los hechos se van desencadenando un poco al azar y otro poco con la mala suerte.
Si algún día pasa.. y nos encontramos, no quiero que actuemos como desconocidos, porque si algo duele realmente es fingir que algún día no fuiste importante para mí.
Que puedo prometerte, que jamás encontrarás a alguien como yo, al igual que estoy segura que nunca conoceré a nadie como tú. Porque todos somos únicos, inigualables, especiales desde los pies a la cabeza. Que nadie te volverá a mirar con los mismos ojos, ni te sonreirá de la misma manera. Que nadie volverá a hacerte reír del mismo modo. Ni a hacerte llorar. Y tal vez, en algún momento, cuando creas que me olvidaste, alguien pasará a tu lado con mi perfume y durante unos segundos volverás tiempo atrás. Y pensarás. Pensarás en mí.
Olvidémoslo todo.
Yo sé que nadie es perfecto y no esperaba que nosotros lo fuéramos. Cometimos errores, demasiados, no sé por qué lo dejamos ese día si estábamos locos el uno por el otro. Es difícil ver cómo esa historia de amor terminó, lo único de lo que estoy segura es de que ahora te amo, como una loca. Despertaste en mí algo que las demás personas no pudieron, desde el primer momento que te vi me atrapaste.
Debo confesarte que has sido mi primer gran amor, ese que no se olvida, y no te preocupes, aunque intente olvidarte sé que no lo lograría, porque siempre serás alguien especial. Después de estos 6 meses llenos de aventuras, sueños, caricias y miedos, después de esos días buenos y no tan buenos, pasó lo que nunca creí que pasaría, o tal vez sí, no lo sé, simplemente no creí que te iba a querer tanto.
Es duro ver cómo pasamos a completos desconocidos. Siempre te extrañé, a veces menos, a veces más. Había días en los que quisiera salir por ti y decirte que te quería y que no he dejado de hacerlo ni un poco. Me tomó tiempo aceptar que fue lo mejor, tal vez no estábamos hechos para estar juntos, lo creí muchas veces pero ahora veo que estaba equivocada y que si estamos hechos para estar juntos.
Hoy miro al pasado y soy feliz por haber compartido contigo tantos momentos, unos no tan perfectos pero juntos al final de cuentas. Quiero darte las gracias porque a pesar de que te dejé aquel día, eres la razón para que sea mejor persona y aprenda de cada uno de los errores que cometí en el pasado.
Un mundo de colores.
A veces me despertaba bañada en sudor, otras me invadía la angustia y lloraba sin importar momento o lugar.
No me gustaba mostrar mis debilidades frente a los demás, por lo que empecé a desarrollar internamente mecanismos de defensa donde reprimía todo sentimiento. Crecí sin querer abrazar, sin dar un beso de buenos días o buenas noches, sin caricias en mi rostro o un “te quiero” al azar, crecí convenciéndome de que para evitar cierto sufrimiento lo que necesitaba era dejar de sentir.
Me convertí en una persona soberbia, malhumorada, sin filtro, sumamente realista y desinteresada por el amor; y cuando uno no tiene amor para dar, entonces, ¿qué más da? Acepté mi condición con total naturalidad, sabía que cualquier relación “amorosa” que estableciera tenía fecha de vencimiento porque pensaba que si me entregaba estaría demostrando signos de debilidad y eso me convertía en alguien vulnerable para que pudieran lastimarme otra vez.
Entonces te conocí a ti; alto, delgado, despreocupado, y sin novia. Eras perfecto, y lo seguirás siendo, mantenemos una relación de lo más bonito que he visto, mejor que de las películas. Nos hicimos inseparables, nos escuchamos, nos entendemos, puedo hablar contigo de lo que quiera porque no tengo prejuicios, y siempre estás cuando yo te necesito. Me escuchas llorar dos veces, que son muchas más veces que las que me ha escuchado llorar mi mejor amiga, y me sostuvo a su manera durante un poco más que un año.
Te hiciste presente en un momento en el que no me alcanzaban las manos para juntar todos mis pedazos rotos, y me ayudaste. Hasta que algo me hizo pensar que tú podrías ser mío, no podía con ese altibajo que nos había pasado, y te dejé.
En el momento en que decidí terminar las cosas, fue porque pensé que ya no me necesitabas en tu vida, usé la tristeza para completar un vacío que nadie podía llenar porque esas heridas emocionales con las vivía, las tenía que resolver sola. Te busqué, te insistí en volver y casi te convenzo; pero entonces un día dijiste que me amabas y lo primero que hice fue llorar de emoción porque te necesitaba.
No sé si te lastimé con mi decisión de dejarte, eras muy cerrado en cuanto a sentimientos y sé que cuando te expresas lo haces de la manera más sincera en la que alguien le puede decir “te amo” a otra persona. Aún lo recuerdo con mucho cariño, porque contigo aprendí todas las cosas que NO quería hacer cuando me enamorara de verdad. Aprendí que no quería comprometerme con alguien para hacerme perder el tiempo y a hacerme daño, y aprendí que no quería estar con alguien si no podía entregar mi corazón en un 100% porque no existen los amores a medias o compartidos. Aprendí que tenía que soltar para recibir, y que cuando te entregas con todo lo que eres no necesitas refugiarte en otro lado; te quedas en casa con la persona que amas mirando películas repetidas, abrazados y jugando como niños. Hoy te agradezco, porque contigo recordé que quiero mantener mi vida llena de colores, no necesito salirme de los bordes.
Imaginar(te)
Sé que nunca me olvidaré del tiempo en el que empezamos a salir.
El día en el que te conocí no te imaginaba así. Te voy a ser sincera, no sentí eso de “amor a primera vista”, pero sí sentí que había una conexión distinta, algo que no había sentido nunca. Entonces fue ahí cuando empezamos a hablarnos más y a ser más cercanos.
Las noches se hacían cortas contándonos algunos secretos y hablando simplemente de la vida. Sentía que ibas a ser alguien importante para mí. Me conmovían tus historias tristes y me hiciste sentir que podía contarte hasta mis secretos más privados. Te convertiste en mi confidente en cuestión de un mes.
No te voy a mentir, algunas veces tu manera de ser tan distinta a la mía me hacía sentir rara conmigo misma. Eras muy frío y yo esperaba que fueras más cariñoso conmigo.
Todo fue sucediendo demasiado rápido, en unos 9 días nos convertimos en algo más que amigos, y al poco tiempo sentí que eramos casi inseparables. Nos confiábamos todo y estábamos ahí para el otro. Nos regañamos más de una vez por decir algo tonto, nos consolamos por nuestros malos momentos y nos reímos de las cosas que nos sucedían.
Cuando nos dimos cuenta, nuestra relación era perfecta. Tenía miedo a arruinar la amistad. Pero uno de esos días de mierda en la que sabía que te perdía por una tontería que no era cierta, no pude más y tuve que robarte aquel beso. Mi primer beso contigo, tu primer beso conmigo, nuestro primer beso. Si bien esto nos trajo unas cuantas discusiones, valió la pena.
Y fuimos más que simples amigos. Llegamos a construir una relación distinta. Algo que jamás soñé, pero que me hizo feliz. Hubo muchos días de peleas, pero otros momentos hermosos en los que me sentí más que feliz.
No quería que esto terminara, pero terminó. Puse punto y a parte a una historia que yo no quería terminar. A penas todo estaba empezando. Te estaba queriendo más y más hasta que sentí ese bajonazo cuando me dijiste que ibas a bajar y no bajaste.
Estoy convencida de que eres la casualidad más hermosa que me ha sucedido hasta hoy. Debo decirte que jamás podré olvidarte porque cambiaste mi vida.
Lo bonito del amor.
Te ofrezco que te quedes conmigo, en casa, tirados en pijama todo el tiempo que viene, ver la tele, dormir o hablar, arreglando el mundo a nuestro ritmo como excusa para terminar con unos besos. Te ofrezco olor a café recién hecho los domingos por la mañana, o si quieres, olerá así todos los días de tu vida. Te propongo abrir las ventanas cuando llueva, para cuando entre la humedad disfrutes del olor a tierra mojada; o no, mejor aún, salimos a la terraza y nos mojamos de esa lluvia, que lo de ”carpe diem”, ha quedado más como frase para tatuaje, y poca gente lleva lo lleva a cabo. Te ofrezco noches de risas, de baile y de sueños, de impaciencia al esperar un taxi, y disfrutar de una hamburguesa mientras llega.
Prometo pequeños grandes detalles, llevarte agua helada a la cama por la mañana cuando nos despertemos con resaca, tardes de ”gordos”, comiendo paquetitos de patatas, doritos, chocolate, regalices y demás grasas saturadas. Te ofrezco sonrisas a más no poder, algún que otro mal rato sabiendo que lo que viene después, va a ser como volver a conocer tu geometría una y otra vez. Te prometo besos, pero no besos cualquiera, no como los que se dan las parejas por costumbre al verse que es como un piquíto sin ganas, yo te ofrezco tiempo, dulzura y pasión en cada uno de los que te de. Te doy la posibilidad también, de un poder que pocos tienen, y que envidio de parejas que conozco, el mirarse y saber exactamente lo que pasa por tu cabeza en ese momento, para bien o para mal, porque en los tiempos que nos han tocado, ya no se respetan ni la miradas y las que hay escasean. Te ofrezco ponerte el mundo cuesta abajo, para que todo te venga rodado; cien primaveras, cien veranos, cien otoños y cien inviernos, y los que no nos den tiempo de vivir, nos lo vamos imaginando por el camino. Así que tu preocúpate de sonreír, que de provocarte las sonrisas ya me encargo yo.
Prometo pequeños grandes detalles, llevarte agua helada a la cama por la mañana cuando nos despertemos con resaca, tardes de ”gordos”, comiendo paquetitos de patatas, doritos, chocolate, regalices y demás grasas saturadas. Te ofrezco sonrisas a más no poder, algún que otro mal rato sabiendo que lo que viene después, va a ser como volver a conocer tu geometría una y otra vez. Te prometo besos, pero no besos cualquiera, no como los que se dan las parejas por costumbre al verse que es como un piquíto sin ganas, yo te ofrezco tiempo, dulzura y pasión en cada uno de los que te de. Te doy la posibilidad también, de un poder que pocos tienen, y que envidio de parejas que conozco, el mirarse y saber exactamente lo que pasa por tu cabeza en ese momento, para bien o para mal, porque en los tiempos que nos han tocado, ya no se respetan ni la miradas y las que hay escasean. Te ofrezco ponerte el mundo cuesta abajo, para que todo te venga rodado; cien primaveras, cien veranos, cien otoños y cien inviernos, y los que no nos den tiempo de vivir, nos lo vamos imaginando por el camino. Así que tu preocúpate de sonreír, que de provocarte las sonrisas ya me encargo yo.
Lo-cura.
Te quiero. Te quiero tanto que tengo miedo. Nunca antes había tenido delante a alguien con tanto poder sobre mi realidad. No sabes hasta que punto podrías hacerme daño solo con desaparecer, con alejarte, con no estar donde ahora estás. Porque igual hay una vida después de ti, no lo pongo en duda, pero he olvidado cómo era todo esto antes de que llegaras, y no quiero saber cómo sería si te fueses. No quiero ver un mundo en el que el sol no cambia el color de tu pelo, ni hace brillar tus ojos. Es verte y pensar que las únicas maravillas del mundo son tus lunares. Las mejores sinfonías las que escriben mis labios cuando susurran tu nombre. Deberían prohibirte. Alguien debería ponerle nombre al baile de tus caderas al andar. Eres el sueño de cualquiera al que le guste la vida. Eres más bello que cualquier cosa que haya creado la naturaleza. Eres todo lo que necesito para vivir y el único motivo por el que morir no sería suficiente. Espero que nunca te vayas, si lo haces… iré detrás de ti, viviré en el rastro que vas dejando mientras pueda, cuando no pueda más, moriré, y te esperaré en cualquier otra vida, para volverte a enamorar.
Kilómetros de más.
Aún así, que bien me sienta despertar así, con una sonrisa en la cara, con esta sensación de calma, queriéndote tanto, con la certeza de que me quieres también. Preciosas son las noches cuando puedo soñarte, pero mejores son mis días cuando nos miramos, cuando nos besamos, cuando nos abrazamos.
Aún no entiendo como fue que pasó, pero me enamoré de ti, de esa forma que tienes de hacerme reír, de la forma en la que logras que olvide mis tristezas, y perdone mis fallos, porque me enseñaste que debía quererme tanto como que me quieres tú a mí.
No sé cómo, ni por qué, pero sé que algo muy bueno debí haber hecho para merecer tener a alguien tan increíble como tú, no cabe duda de que todo llega en el momento justo, no antes ni después. Cuando te conocí pude comprender que si en el pasado lo pasé mal, fue para aprender a reconocer el valor real del amor, ese que me das tú.
Solo te lo quería decir:
Me haces muy feliz, que como ayer, hoy desperté pensando en ti, queriéndote un poquito más, y sé que mañana será igual, te amaré cada día más y más.
Un nuevo amanecer.
Voy a ser la mejor novia que hayas tenido jamás. Aunque ahora mismo estemos pasando por este mal momento. Sí. Voy a serlo porque quiero, porque tú lo eres conmigo. Me voy a reír de todas tus bromas, incluso si significa que seré la única riéndome contigo. Voy a sonreír cada vez que nuestras miradas se encuentren, porque lo siento así. Voy a pasar mis domingos contigo, viéndote saltar de emoción cuando tu equipo favorito marque un gol o incluso ver tu serie favorita. Te voy a ayudar a preparar la cena, pero sólo si prometes ayudarme a limpiar después. Y si me quieres ahí contigo, veremos todas las películas de acción y súper héroes juntos, pero sólo si estás dispuesto a ver una comedia romántica conmigo. También voy a tomar algo contigo mientras me hablas de cómo te fue en el trabajo. Y cuando estés enfermo, voy a hacer mi mejor esfuerzo para hacerte sentir mejor con todas las caricias y besos que pueda darte. Y espero que tú hagas lo mismo.
Voy a darte tu propio espacio. Y espero que tú me des el mío. Voy a preguntarte cómo estuvo tu día, no por rutina, si no por curiosidad, porque quiero saber qué partes de tu día te hicieron sonreír y cuáles te hicieron enojar. Voy a sorprenderte en distintas ocasiones, y a mimarte diariamente. Igual que espero que tú lo hagas por mí.
Prometo serte leal. Porque al final del día, eres el único que quiero. Voy a ser la que comparta tus esperanzas, tus sueños y tus miedos. Seré tu diario andante. Seré real, y prometo decirte las cosas como son. Porque no mereces menos. Haré lo posible por considerar tus pensamientos y sentimientos, y aunque no sea capaz de llenar tus zapatos de tu talla (no pongo la talla 44 porque no estoy segura si es esa) , haré mi mejor esfuerzo por caminar con ellos antes de juzgar tus pasos. Así que espero que tú trates de ponerte en mi lugar también.
Voy a gritar y voy a llorar. Mis inseguridades y celos eventualmente van a salir a la luz sin importar cuánto trate de esconderlas. Habrán ocasiones en las que no tendrán mucho sentido. Cuando esté confusa o preocupada, voy a hacer preguntas, muchas preguntas. A veces van a ser largas y estúpidas, así que voy a necesitar que seas paciente conmigo. Voy a darte largos silencios cuando esté molesta, y voy a evitar contacto contigo cuando no esté lista para hablarte. También voy a hacerte enfadar, pero como no soy capaz de leer tu mente aún que lo parece, voy a necesitar que me lo digas. Y mientras discutamos, voy a intentar considerar tus sentimientos y ser justa. Así que te pido que tú hagas lo mismo por mí.
Voy a tratarte como me gustaría que tú me tratases. Quiero ser todo lo bueno para ti, y aunque ya sé que no siempre puede ser así, voy a esforzarme. No puedo prometerte que seré perfecta, pero como tu novia, voy a hacer todo lo que pueda para ser la mejor que hayas tenido jamás.
Sólo porque me haces querer serlo.
En mis sueños.
La primera vez que te vi, supe que había en ti algo especial, no conocía el tono de tu voz, pero algo en tu mirada me convenció.
Fue así, poco a poco, sin plan, sin método o técnica, como me enamoré de ti, quizá fue tu sonrisa o tu manera de hacerme reír, pero sin poder evitarlo me acostumbré a ti, a tu perfume a tu esencia, a tus abrazos y ese primer beso que me hizo tan feliz.
Tenemos esa clase de amor que infecta hasta los huesos, de esa clase de amor que no muere; con perfectos desperfectos, con enojos y emociones, con divinas reconciliaciones.
Como no acostumbrarme a tus manos en mi cintura, a perder el control cuando besas mi cuello, a tus brazos cubriendo mi cuerpo, como no agradecer por tus tiernas caricias, por tus miradas, por tus sonrisas.
Amo la manera en que arrugas los ojos cuando te molestas, amo incluso tu nariz imperfecta, amo nuestra cama en paz, pero aún más en guerra, tus silencios, tus disgustos. Ser tu debilidad cuando intentas ser rudo.
Amo que seas parte de mi presente, de planear juntos lo siguiente, amo tu imperfecto ser, que me puedas complacer, que no ocultes lo que por mi sientes, que me digas que por mi mueres, despertar a tu lado y caminar juntos, amo ser libre sin tener que perderte.
Cuando estoy contigo sé bien lo que quiero, ¿Quieres saberlo? Todo lo que quiero eres tú.
Amo saber que me quieres como yo te quiero.
Cartas al vacío.
Mi vida era un desastre, pero apareciste tú, y sin más la hiciste mejor, bastó con mirarte y algo revoloteó dentro de mí, ni siquiera me hablaste, bueno, un simple hola, y todo en mi cambiaste, sentí algo muy raro, sentí algo especial.
Sin saberlo me fui enamorando de ti, de tu voz, de tu corazón, me encantaba verme reflejada en tus ojos, cuando por fin nos besamos y me tenías en tus brazos, cuando amanecimos juntos y me dijiste, “buenos días preciosa”, mi felicidad era cada día mas grande.
Ese día que desperté a tu lado, conocí todo de ti, y me desnudaste no solo el cuerpo, también el alma, supe que eras diferente a lo que me había tocado conocer, pues aunque no eres perfecto, me haces sentir sumamente especial, no lo había sentido jamás.
Pero no todo es bonito y mucho menos un mundo de color de rosas, las peleas, discusiones, y momentos sumamente difíciles llegaron a la relación, nunca hemos llegado a ofendernos ni faltarnos al respeto, pero si la confianza, pero eso está superado, para eso están las parejas.. para superarlo todo y tengo mucho miedo de perderte otra vez y más de que sea la definitiva.
No hay otra cosa que quiera en este momento que abrazarte y decirte que me haces falta.
Muchas veces me han preguntado: ¿QUE ES LO QUE QUIERES? Y solo puedo decir tu nombre.
No permitamos que el orgullo destroce la hermosa historia que estamos construyendo.
Te amo, y si me preguntan mil veces que es lo que quiero… LA RESPUESTA SIEMPRE SERÁ TU NOMBRE.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)